Madre.
La madre acariciaba el pelo del gato y éste a su vez recogía
lentamente su lengua, había acabado de comer; el fuego de la lumbre no era
demasiado intenso.
Pronto llegarían los niños y la dulce paz de monasterio
benedictino desaparecería.
Afuera en los tendales, una sandalia intentaba despegarse de
la pinza que lo sujetaba, azuzada por el viento rebelde.
Afuera las farolas parapadean sin cesar, para sobrellevar la
espera la madre abre una botella de un licor desconocido.
Cuando el viento despega definitivamente la sandalia, los
niños han llegado irrumpiendo en casa como reactores. No parecen cansados
después de estar tanto tiempo fuera .
Tienen prisa por hablar y por desabrochar sus cargadas
mochilas, antes de pasar revista a cada uno de los chicos, su cansada boca dice:
<<Cuidado con el arena de vuestros pies, no seré yo
quién limpie el suelo si se ensucia>> Calladamente limpian sus zapatos
con la alfombra.
Acaban de cenar y se van a dormir <<cerrad los ojos y
decid abracadabra y los sueños llegarán>>
Media hora más tarde cuando la lumbre se apaga la casa se
convierte en una oscura lápida sin vida esperando al amanecer para volver a
despertar.
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